—José, ¿qué pasa?—me preguntó ella.
Fingí que me hablaban por teléfono.
—¿Bueno? ... Sí, ya sé. ... Ya sé. ... OK, voy para allá.
Me despedí brevemente de ella y me di a la fuga.
Juana se volvía cada vez más inoportuna. Primero, me interrumpía mis partidas de ajedrez o mis conciertos de rock. "Jaque ma..." ¡Ring! ¡Ring! Y todo para que me preguntara dónde estaba y con quién estaba; como si yo fuera a ser el mismo patán con ella como ella lo era con su otro novio.
Una vez me llamó cuando yo estaba con Judas y Alfredo Mercurio. Era una ocasión muy importante para Judas y para mí porque era la primera vez que Judas se había robado la camioneta de su mamá así como la primera vez que manejaba. Pero a pesar de tenerle una profunda confianza, ese pequeño detalle de mi vida me daba pena y aún no le contaba que yo conocía a Consuelo y a Juana. Tal vez le habría contado si no hubieran estado todos en la misma escuela porque así no las habría podido conocer. ¡Ring, ring! y me voltean a ver Judas y Alfredo. No contesto. ¡Ring, ring! otra vez y me dice Judas: "Pero contesta, pues". Contesto y me interroga Juana. Al ver que estaba acompañado me invita a su casa porque ahí también esta Consuelo y podemos pasar todos un rato agradable. Le dije que estábamos ocupados, que luego le hablaba.
—¿Quién era?—me preguntó Judas.
—No era nadie.
—¿Cómo que no era nadie?
—Nadie importante pues, luego te platico.
Ese encuentro de Miguel me tomó por sorpresa. La aventura secreta que pretendía tener con Juana se volvía cada vez más pública, o por lo menos así lo creía yo. Con tal de no echar a perder la poca reputación que me quedaba, si es que me quedaba todavía, tomé la decisión de acabar con Juana.
Pasaron algunos días y me llamó muy contenta Juana para darme la gran noticia: ella y Omar Reyes, su otro novio, habían terminado. Por lo que entendí, de algún modo le llegó el chisme a Omar de que Juana le estaba siendo infiel y él decidió terminar con ella. Yo estoy casi seguro de que fue Consuelo la que le pasó el chisme porque cada que yo llegaba a casa de Juana veía como se movía la cortina del cuarto de Consuelo; hasta llegó a espantarme la paranoia de Consuelo . El caso es que Juana estaba contenta porque lo que ella no se atrevía a hacer solito se dio. Lo único que no esperaba ella es la otra noticia que yo le tenía. Le dije que no era justo que le hiciéramos eso a Consuelo—ajá—, que ellas eran amigas y que teníamos que respetar sus sentimientos—ajá, para lo mucho que me importaba. "¡Ya sabía que me ibas a hacer esto!" respondió Juana y empezó a darme un sermón como pudo entre llanto y gritos.
Pobre Juana. Yo disfruté esa sensación de experimentar por debajo de las aguas y me zafé muy a tiempo de posibles repercusiones, pero ella quedó mal. Aparte de haber arruinado su amistad con Consuelo, al final se quedó como el perro de las dos tortas.
Mauricio! Me gusta la historia thus far :) Lo malo es que me vas a tener esperando hasta que escribas el siguiente capítulo :( Esperaré, pero no te tardes mucho ok?
ReplyDeleteLo que más me gusta es que el español se lee bien bonito y coloquial. Es casi como si escuchara platicar a un par de chilangos cultos haha.
Bueno, ya me suscribí, para que cuando salga el nuevo capítulo, lo lea en seguida. Keep posting!!