Una sola vez vino a visitarme el Breve. No éramos muy buenos amigos, pero fue grata su visita. Tampoco recuerdo cómo es que le empezaron a decir el Breve, creo que fue porque siempre fue alguien de pocas palabras. En aquella ocasión, el Breve me encontró limpiando mi caja de los recuerdos y se interesó en mi colección de cartas y fotografías, así que se las fui mostrando. "Esta es Krystal... Esta es Jessica... Esta es Amparo... Esta es Lucero... Esta es Consuelo... Y esta es Juana". No sé por qué Consuelo me regaló una foto de Juana si una, yo ni conocía a Juana y dos, la interesada era en mí era Consuelo misma.
El Breve quiso que yo le presentara a Juana, pero poco podía hacer por él porque Consuelo no me la había presentado aún. Visto que no teníamos nada qué hacer—creo que por eso es que fue a visitarme en primer lugar—insistió en que yo le hablara a Consuelo para que nos presentara a Juana. De mala gana le hablé a Consuelo y le conté que tenía un amigo que quería conocerlas a ella y a Juana. De muy buena gana ella me preguntó que si podíamos ir ya, que ahí estaba Juana con ella. Colgué y fuimos directo a casa de Consuelo. Cuando llegamos ya estaba oscuro y no supe distinguir entre Consuelo y Juana hasta que estuvimos cerca. Más tarde el Breve mostró su interés por Juana opinando que era bonita y que tenía mucho "potencial" para cuando creciera.
No creo que hayamos durado ahí ni diez minutos, pero pude ver por qué era tan conocida Juana. Consuelo fue completamente opacada por el carisma de Juana; no dejaba de sonreír, bromear y retar nuestro espacio personal. No que antes lo hiciera, pero desde ese día dejé de hablar con Consuelo y me hice más amigo de Juana. Fueron varias las cosas que me reveló Juana, entre ellas que Consuelo estaba enamorada de mí. A pesar de que Juana tenía novio, me dedicaba mucho tiempo a mí.
En una de nuestras pláticas ella me confesó que le gustaba alguien de mi escuela y de mi edad. Como yo sabía perfectamente que ella no conocía a nadie de mi escuela más que a mí y al Breve, yo supe que se refería a mí. Sabiendo que ella tenía novio, decidí seguirle el juego y le dije directamente que a mí se me hacía bonita alguien de su escuela y que no era Consuelo, pero que ella tenía novio. Mientras se lo decía sus ojos se iluminaban, hasta que le recordé que ella tenía novio, además de que su mejor amiga estaba enamorada de mí. Pasados pocos segundos su desilusión se volvió en esperanza y me comentó que se le había ocurrido una gran idea y que me tenía una propuesta: que fuéramos novios a escondidas y que pronto se desharía de su otro novio. ¿Qué quería decir para mí? Que podía cambiar ese primer beso sabor a carnitas por algo mejor; que vería desde un rincón secreto cómo Juana cortaba a su novio y cómo interactuaba hipócritamente con Consuelo; pero lo mejor de todo, ¡mi reputación quedaría intacta porque nadie se enteraría! Me agradó mucho su idea, así que acepté y ella se volvió loca de la felicidad. ¡Lo siento, Breve!
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